martes, 18 de agosto de 2009

Hasta el presente, los pueblos del Sur pagan un precio muy alto por el trastorno climático del que serán las principales víctimas

326 catástrofes climáticas han sido registradas como promedio cada año entre 2000 y 2004; éstas han provocado 262 millones de víctimas –casi 3 veces más que entre 1980 y 2004. Más de 200 millones vivían en países que no son miembros de la OCDE y que no tienen más que una responsabilidad marginal en el incremento del efecto invernadero. Entre 2000 y 2004, un habitante de cada 19 se vio afectado por catástrofes climáticas en los países en desarrollo. La cifra correspondiente a los países de la OCDE es de uno de cada 1.500 (79 veces menos)[1].

A menos que se apliquen políticas adecuadas, la injusticia climática se acentuará y tomará proporciones dramáticas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo lo reconoce: debido al cambio climático, ni tan siquiera se alcanzarán los “objetivos del Milenio”, cuando son ya notoriamente insuficientes. En caso de catástrofe climática, ciertos países de entre los más pobres corren el riesgo de entrar en una espiral de regresión social y económica sin salida. Por ejemplo, la gran mayoría de los millones de seres humanos amenzados por el aumento del nivel de los océanos está localizada en China (30 millones), India (30 millones), Bangladesh (15-20 millones), Egipto (10 millones), y en otras desembocaduras, en particular las del Mekong y el Níger (10 millones)… con un aumento de un metro en el nivel de los océanos, un cuarto de la población de Vietnam tendría que emigrar.

El aumento de la inseguridad alimentaria es otra evidente demostración de la injusticia climática. Según ciertas fuentes, el potencial de producción agrícola de los países desarrollados podría aumentar un 8 por ciento para 2080, mientras que el de los países en desarrollo se reduciría un 9 por ciento. América Latina y África serían los continentes más afectados, con pérdidas de productividad de más del 12 por ciento, y quizás más del 15 por ciento. En ciertas áreas del África subsahariana y de Asia la productividad de la agricultura no irrigada podría reducirse a la mitad durante los próximos 20 años, según el GIEEC.

Las consecuencias probablemente se manifestarán como dependencia aumentada del agri-business capitalista, creciente poder de los latifundistas, cada vez más pobreza y hambre para los pequeños agricultores, migración rural y degradación ambiental.



[1] PNUD, World Report of Human Development, 2007-2008.

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