326 catástrofes climáticas han sido registradas como promedio cada año entre 2000 y 2004; éstas han provocado 262 millones de víctimas –casi 3 veces más que entre 1980 y 2004. Más de 200 millones vivían en países que no son miembros de la OCDE y que no tienen más que una responsabilidad marginal en el incremento del efecto invernadero. Entre 2000 y 2004, un habitante de cada 19 se vio afectado por catástrofes climáticas en los países en desarrollo. La cifra correspondiente a los países de la OCDE es de uno de cada 1.500 (79 veces menos)[1].
A menos que se apliquen políticas adecuadas, la injusticia climática se acentuará y tomará proporciones dramáticas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo lo reconoce: debido al cambio climático, ni tan siquiera se alcanzarán los “objetivos del Milenio”, cuando son ya notoriamente insuficientes. En caso de catástrofe climática, ciertos países de entre los más pobres corren el riesgo de entrar en una espiral de regresión social y económica sin salida. Por ejemplo, la gran mayoría de los millones de seres humanos amenzados por el aumento del nivel de los océanos está localizada en China (30 millones), India (30 millones), Bangladesh (15-20 millones), Egipto (10 millones), y en otras desembocaduras, en particular las del Mekong y el Níger (10 millones)… con un aumento de un metro en el nivel de los océanos, un cuarto de la población de Vietnam tendría que emigrar.
El aumento de la inseguridad alimentaria es otra evidente demostración de la injusticia climática. Según ciertas fuentes, el potencial de producción agrícola de los países desarrollados podría aumentar un 8 por ciento para 2080, mientras que el de los países en desarrollo se reduciría un 9 por ciento. América Latina y África serían los continentes más afectados, con pérdidas de productividad de más del 12 por ciento, y quizás más del 15 por ciento. En ciertas áreas del África subsahariana y de Asia la productividad de la agricultura no irrigada podría reducirse a la mitad durante los próximos 20 años, según el GIEEC.
Las consecuencias probablemente se manifestarán como dependencia aumentada del agri-business capitalista, creciente poder de los latifundistas, cada vez más pobreza y hambre para los pequeños agricultores, migración rural y degradación ambiental.
[1] PNUD, World Report of Human Development, 2007-2008.
El cambio climático es un hecho. En el siglo XX, la temperatura promedio de la superficie de la tierra aumentó 0,6 grados centígrados, el nivel del mar subió entre diez y veinte centímetros, los glaciares se retiraron en proporción significativa en casi todas partes, la violencia de los ciclones aumentó en el Atlántico Norte y se registraron más fenómenos climáticos extremos, como tormentas, inundaciones y sequías.
No se trata de variaciones periódicas (como por ejemplo el fenómeno “El Niño”), sino de cambios profundos a largo plazo que expresan un importante desequilibrio global del sistema climático. El motor de estos desequilibrios –el aumento en la temperatura promedio de la superficie– ha alcanzado niveles sin precedentes en como mínimo los pasados mil trescientos años. Este aumento está fuertemente relacionado con otro fenónemo, en ese caso sin precedentes en los pasados 800 mil años: el incremento en la concentración atmosférica de carbono, bajo la forma de gas carbónico y metano –dos gases cuya contribución al efecto invernadero ha sido firmemente demostrado desde hace tiempo por la física.
La explicación del calentamiento global actual con el aumento en las emisiones de gas invernadero es fiable en un 90% y ya no es objeto de objeciones creíbles a nivel científico. Está claramente probado que el calentamiento global actual no tiene precedentes y difiere radicalmente de otras fases de calentamiento global que la tierra ha conocido a lo largo de su historia. En el curso de los periodos interglaciares del pasado, las variaciones naturales en la posición de la Tierra en relación con el sol, o de la actividad solar, crearon un calentamiento. Éste favoreció el desarrollo de la vida y redujo la absorción de CO2 por los océanos, y tal desarrollo condujo, a su vez, a un aumento de la concentración atmosférica de CO2, que acentuó aún más el calentamiento global. Hoy en día, la cadena de causalidad se ha invertido: los factores naturales sólo explican una parte muy limitada del calentamiento global (aproximadamente del 5 al 10 por ciento); la parte esencial del aumento actual surge directamente de un rápido aumento en las concentraciones atmosféricas de CO2 y metano, debido a las actividades humanas. Dicho en otros términos: mientras el cambio climático causaba el aumento del efecto invernadero, el aumento actual del efecto invernadero provoca directamente el cambio climático.
LA AMENAZA CLIMÁTICA: CAUSAS, RESPONSABILIDADES, IMPACTOS SOCIALES Y ECOLÓGICOS
1.El cambio climático es un hecho sin precedentes
El cambio climático es un hecho. En el siglo XX, la temperatura promedio de la superficie de la tierra aumentó 0,6 grados centígrados, el nivel del mar subió entre diez y veinte centímetros, los glaciares se retiraron en proporción significativa en casi todas partes, la violencia de los ciclones aumentó en el Atlántico Norte y se registraron más fenómenos climáticos extremos, como tormentas, inundaciones y sequías.
No se trata de variaciones periódicas (como por ejemplo el fenómeno “El Niño”), sino de cambios profundos a largo plazo que expresan un importante desequilibrio global del sistema climático. El motor de estos desequilibrios –el aumento en la temperatura promedio de la superficie– ha alcanzado niveles sin precedentes en como mínimo los pasados mil trescientos años. Este aumento está fuertemente relacionado con otro fenónemo, en ese caso sin precedentes en los pasados 800 mil años: el incremento en la concentración atmosférica de carbono, bajo la forma de gas carbónico y metano –dos gases cuya contribución al efecto invernadero ha sido firmemente demostrado desde hace tiempo por la física.
La explicación del calentamiento global actual con el aumento en las emisiones de gas invernadero es fiable en un 90% y ya no es objeto de objeciones creíbles a nivel científico. Está claramente probado que el calentamiento global actual no tiene precedentes y difiere radicalmente de otras fases de calentamiento global que la tierra ha conocido a lo largo de su historia. En el curso de los periodos interglaciares del pasado, las variaciones naturales en la posición de la Tierra en relación con el sol, o de la actividad solar, crearon un calentamiento. Éste favoreció el desarrollo de la vida y redujo la absorción de CO2 por los océanos, y tal desarrollo condujo, a su vez, a un aumento de la concentración atmosférica de CO2, que acentuó aún más el calentamiento global. Hoy en día, la cadena de causalidad se ha invertido: los factores naturales sólo explican una parte muy limitada del calentamiento global (aproximadamente del 5 al 10 por ciento); la parte esencial del aumento actual surge directamente de un rápido aumento en las concentraciones atmosféricas de CO2 y metano, debido a las actividades humanas. Dicho en otros términos: mientras el cambio climático causaba el aumento del efecto invernadero, el aumento actual del efecto invernadero provoca directamente el cambio climático.
Hasta el presente, los pueblos del Sur pagan un precio muy alto por el trastorno climático del que serán las principales víctimas
326 catástrofes climáticas han sido registradas como promedio cada año entre 2000 y 2004; éstas han provocado 262 millones de víctimas –casi 3 veces más que entre 1980 y 2004. Más de 200 millones vivían en países que no son miembros de la OCDE y que no tienen más que una responsabilidad marginal en el incremento del efecto invernadero. Entre 2000 y 2004, un habitante de cada 19 se vio afectado por catástrofes climáticas en los países en desarrollo. La cifra correspondiente a los países de la OCDE es de uno de cada 1.500 (79 veces menos)[1].
A menos que se apliquen políticas adecuadas, la injusticia climática se acentuará y tomará proporciones dramáticas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo lo reconoce: debido al cambio climático, ni tan siquiera se alcanzarán los “objetivos del Milenio”, cuando son ya notoriamente insuficientes. En caso de catástrofe climática, ciertos países de entre los más pobres corren el riesgo de entrar en una espiral de regresión social y económica sin salida. Por ejemplo, la gran mayoría de los millones de seres humanos amenzados por el aumento del nivel de los océanos está localizada en China (30 millones), India (30 millones), Bangladesh (15-20 millones), Egipto (10 millones), y en otras desembocaduras, en particular las del Mekong y el Níger (10 millones)… con un aumento de un metro en el nivel de los océanos, un cuarto de la población de Vietnam tendría que emigrar.
El aumento de la inseguridad alimentaria es otra evidente demostración de la injusticia climática. Según ciertas fuentes, el potencial de producción agrícola de los países desarrollados podría aumentar un 8 por ciento para 2080, mientras que el de los países en desarrollo se reduciría un 9 por ciento. América Latina y África serían los continentes más afectados, con pérdidas de productividad de más del 12 por ciento, y quizás más del 15 por ciento. En ciertas áreas del África subsahariana y de Asia la productividad de la agricultura no irrigada podría reducirse a la mitad durante los próximos 20 años, según el GIEEC.
Las consecuencias probablemente se manifestarán como dependencia aumentada del agri-business capitalista, creciente poder de los latifundistas, cada vez más pobreza y hambre para los pequeños agricultores, migración rural y degradación ambiental.